Dejarse Amasar a Gusto

Aceptémoslo: la vida adulta es básicamente ir por ahí con la espalda crujiendo como cuando se te cae la pasta cruda y caminas sobre ella (le ocurrió a un amigo con mi mismo nombre y cuerpo). En un mundo lleno de cuentas por pagar, tráfico, dramas, gente que pide fiado y se ofende sí le cobras y reuniones que debieron ser descritas en un correo electrónico, el masaje se alza como el último bastión de la cordura. No es un lujo dejarse amasar, es una tregua firmada entre la mente estresada y tus músculos rebeldes.

A mí me los hicieron en convenio con una filial de la mejor empresa de masajes corporativos Miami y quedé repotenciado al máximo. Lo malo es que yo no hago mayor cosa, así que desperdicié parte del esfuerzo de la masajista, sentado viendo televisión y comiendo. Pero sin dolores, y luego de los 50, eso es ganancia.

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Dejarse amasar nos hace sentir vivos

Existe una delgada línea entre el placer absoluto y la tortura medieval autoinfligida o que estando semidesnudo te masajeen donde no es o sí es, pero lo hace alguien de tu mismo sexo que no te gusta (y aparte, que te cobren por algo que no te gusta…tanto).

Estás en el cubículo de masajes (o en la sala de tu casa, con masajes a domicilio) buscando la iluminación espiritual y, de repente, descubres que tienes un nudo muscular que parece haber desarrollado su propio código postal y hasta jardín y vecinos tiene.

Cuando el terapeuta presiona ese punto exacto, tu alma abandona brevemente tu cuerpo para preguntarse qué decisiones de la vida te llevaron a acumular tanta tensión en la escápula izquierda y además, averiguar cómo es que sabes la palabra escápula.

 

El arte de no sonar como un dibujo animado

Uno de los mayores desafíos de dejarse amasar (en español culto, recibir un masaje) no es encontrar el tiempo para recibirlo, sino mantener la dignidad en la camilla. Te prometes a ti mismo que mantendrás una respiración profunda, zen y profesional pero en cuanto el especialista aplica la presión adecuada, terminas emitiendo una sinfonía de suspiros extraños, quejidos involuntarios y ruidos que recuerdan a un globo desinflándose lentamente o los ruidos extraños provenientes de una habitación de motel que no es la tuya.

 

Terapia de silencio o confesionario inesperado

Al dejarse amasar hay dos tipos de personas en la camilla: los que entran en un trance místico de absoluto silencio que les lleva a roncar y los que, por los nervios, deciden que el terapeuta es su nuevo mejor amigo y psicólogo de cabecera y se estremecen como pez en la red recién pescado (redundancia inútil).

Es fascinante cómo, mientras alguien te descontractura las lumbares como sí estuviese preparando masa para Pan de Jamón, sientes la extraña necesidad de confesarle tus traumas de la infancia, tu miedo a los payasos o lo mucho que te molesta el vecino del tercero. Llegas al punto de decir, “ya no siento tensas las nalgas, las aflojaste”.

 

Cuando el aroma a lavanda te engaña por completo

La experiencia sensorial de un spa o de un spa a domicilio está perfectamente diseñada para adormecer tus defensas y ponerte babieca. Luces tenues, música de arpas celtas que compiten con el sonido de cascadas y un aroma a lavanda con eucalipto y cariaquito morado tan denso que casi puedes masticarlo o sentir que estás en un comercial de televisión.

Todo es paz y armonía hasta que el terapeuta decide que es hora de usar los codos. En ese instante, la relajante melodía de flauta de pan se convierte en la banda sonora de tu resistencia heroica ya que aunque no sea así, quien se dispone a dejarse amasar percibe que es el luchador The Undertaker o Máscara Plateada el que le está brindando el masaje.

 

La reconfortante mentira de beber mucha agua luego de dejarse amasar

Al finalizar la sesión, siempre llega la recomendación dorada: "Asegúrate de beber mucha agua para eliminar las toxinas que acabamos de liberar", algo que es relativamente real, pero que funciona por sanidad, ya que el agua reduce la incidencia de los calambres, cosa que las lesbianas pueden confirmar ya que así es como evitan acalambrarse al hacer sus tijeretazos.

Tú asientes con la cabeza, fingiendo comprender la ciencia detrás del asunto, mientras en secreto te preguntas si esas supuestas toxinas se sentían físicamente como pequeños gnomos con martillos instalados en tus hombros o sí andas todo el día con la jeta abierta y se te meten cosas que te están enfermando y duele expulsarlas.

 

El glorioso regreso a la gravedad terrestre

Levantarse de la camilla luego de dejarse amasar es una experiencia cercana a la ingravidez o de haber paseado dos meses en submarino. Tus piernas se sienten como gelatina templada, tus párpados pesan una tonelada y tu rostro lleva la marca de la sábana grabada con el orgullo de un guerrero vencido.

Regresar al mundo real después de un buen masaje es difícil, pero lo haces con la certeza de que tu cuerpo, al menos por hoy, ha sido reiniciado con éxito y le vas a dar utilidad a esta sanidad que tanto buscas  que salen de manos prodigiosas.

Te lo digo con propiedad, porque cada vez que me dejo amasar (sí, eso sonó extraño), mí cuerpo expulsa las preocupaciones y llegan las soluciones. Por eso es que me hago tantos masajes, porque los condenados problemas no dejan de venir y yo como que no soluciono si antes una masajista me pasa la mano de norte a sur y de oeste…a este.

Argenis Serrano - @Humoristech 

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