Hágalo Usted Mismo

Cuando nos dicen “hágalo usted mismo”, están brindando un voto de confianza que nos tomamos muy en serio, tanto que nos la llegamos a creer en una especie de sofisma que no es más que la antesala a que algo va a salir mal, porque es el justo derecho.

Algo que deberían de enseñar en las escuelas es a hacernos un FODA (fortalezas, oportunidades, debilidades y amenazas o, para los más corrientes: qué podemos y qué no podemos hacer con lo que sabemos y las habilidades físicas) de lo más sincero, con el propósito de corregirnos y aumentarnos o para siempre tener un motivo para llorar decepcionados de esa persona que debería ser un oasis de confianza: nosotros mismos.

El hágalo usted mismo necesita de aprendizaje, práctica, decisión, seguridad y en ocasiones, un seguro de hospitalización, cirugía, maternidad o de pase al otro mundo.

Antes era muy propio de los padres de familia, y se le llamaba “papá lo sabe todo”, en el que ante cualquier desperfecto en la casa, el padre convocaba a hijos e hija y mujer y un compadre a realizar el cambio o reparación y eran los demás los culpables de cualquier falla, además de tener que hacer las partes de las tareas más complicadas o aquellas en las que por gordura,  no podía situarse.

Los papás hacían eso para demostrar que eran los hombres de la casa, machos alfa, pecho peludo, espada guerrera, visión láser y certeza impecable. Contratar a un especialista sin que el papá aplicara el hágalo usted mismo una y otra vez a manera de prueba o provisional (provisional = por siempre), experimentando con su propio hogar, aumentando el daño y acrecentando el monto de la reparación que en un principio era ínfimo, era en compendio, motivo de divorcio y algunas batallas no precisamente de farmear aura.

Y, cando todo está perdido y fue una tercera persona que le dijo “pero contrátate a fulano que él te repara eso”, es cuando el orgullo sayayin de un padre sucumbe y busca quien repare la avería o fabrique lo necesitado, quedándose -claro está- supervisando la obra y queriendo ser ayudante que muta al “sí, yo sabía que esto es así, pero quise hacerlo de otra forma”.

Con el paso del tiempo, dirá que él hizo casi todo y prometerá que la próxima vez no va a necesitar de nadie. Como el famoso en México caso de la persona que quiso hacer su propio tanque subterráneo en un costado de la casa, y sin saber cómo se puso a alquilar maquinaria pesada en Sonora y terminó encementando la sala y la cocina y muy cercano a una hermosa pérdida total, todo por querer hacerlo todo sin saber, sólo suponer y darse fuerzas morales y dignas con la consabida frase: “yo puedo, yo soy un varón”.

Eso del “hágalo usted mismo” en estos tiempos no es solo de padres u hombres en general. Con la ola de mujeres empoderadas que quieren hacer bricolaje y manejar maquinaria ligera o pesada sin más estimulante que el competir contra los hombres, les ha hecho disminuir esa capacidad de criterio y mesura que siempre había caracterizado a las mujeres.

De allí que el monto de damas caídas de jeta, espalda, cervical, rodilla o ensuciadas con derrumbes que les dejan temporalmente ciegas y alérgicas, ha aumentado, por solamente creer que con ver e intuir, se puede reparar o construir, olvidando la teoría y la práctica y la supervisión de alguien que sepa, sea hombre, mujer o un gato mecánico.

 

La tendencia del “hágalo usted mismo” tiene un culpable

Ser una inspiración, modelo a seguir y una manera de estar a la altura de las situaciones, debería ser el humilde propósito de todo ser humano. Y, aunque éste es un personaje de televisión que fue acompañado por el poder del guion y un equipo de expertos, sigue siendo la referencia obligada del hágalo usted mismo y de que todo se puede solucionar con clips, peinetas y algo de uranio que tengas en un gabinete.

Angus MacGyver es quien ha inculcado a varias generaciones a fortalecer el “hágalo usted mismo”, sacándole el machismo de arreglar todo a los golpes y llevarlo a la física y el uso de la cinta plástica. De él surgieron los videos de redes sociales para reparar cosas con materiales que hay en casa y la energía para creerse -acertada o erróneamente- de que todo lo podemos arreglar en tres fáciles pasos.

hágalo usted mismo

Al programa siempre se le olvidó mostrar el ensayo y error, las habilidades en física y militares del protagonista, de que no es malo pedir ayuda y que cada quien debe delegar al que sabe, aquello que le permitirá que algo se repare bien y sin aumento de costos por estar cincelando, picando y corto circuiteando aquello que no debió tomar más que un par de horas en manos de un profesional.

Claramente que en algún momento de nuestras vidas tendremos un carambolazo y repararemos algo sin mantenimiento percusivo (arreglar un radio o televisor o router dándole unos zapatazos hasta que se componga). Eso nos debe inspirar a aprender y reparar de manera más práctica y eficiente y saber qué sí y qué no amerita que le metamos mano.

Hágalo usted mismo y revísese para que sepa hasta dónde puede llegar y sí puede caminar metafóricamente un par de peldaños más. El resto, déjeselo a los que sí saben, no quiera quitarle el pan de la boca a los demás, porque con los daños que causará, será usted mismo quien pase hambre, endeudado y sin electricidad o con boquetes y filtraciones por andar de “reparatodo”.

Argenis Serrano - @Humoristech 

La Primera y Única App Anticorrupción (IPhone y Android)

Imaginen un universo paralelo en el que las cosas funcionan correctamente (sin llorar, háganme el favor). Y aclaro que ese imaginario no implica tener un universo donde la gravedad flote o los gatos dominen el planeta (eso ya pasa en Internet y en las casas de la gente soltera), sino uno mucho más aterrador para la clase política global: un mundo donde la transparencia y el no ser corrupto sea algo obligatorio, automatizado y con notificaciones directas al teléfono de la ciudadanía, ante cada acto, gasto, comentario del político de turno al mando o trabajador de cualquier ente gubernamental.

 

E imaginen que en ese universo desde hace muchos años, la gente hizo llorar a los corruptos.

app anticorrupción
 

Cómo lo lograron: Con la App Anticorrupción del Millón de Explicaciones y Notificaciones

Ese universo o planeta (ya me confundí), reescribió su historia depurando a la casta política un martes a las 8:00 AM cuando un grupo de programadores independientes lanzó una herramienta descentralizada llamada LicitAcción Real (nombrazo, jombe).

La premisa era destructivamente simple: cada vez que un contrato público se inflaba un 1% por encima del precio de mercado o que es lo mismo, se agarraban plata del presupuesto, el teléfono del ministro responsable emitía un sonido de cocodrilo agonizando a 120 decibelios que no se podía silenciar (suena como las hienas, pero en agonía, por sí no sabían).

 

Para las 10:00 AM, las sedes parlamentarias de medio planeta sonaban como un estanque de cocodrilos en pánico. Y ese sonido enviaba un alerta a los Android e iPhone de todos los ciudadanos (sí, esos sistemas operativos son universales o multiversales, así que allí también los usan ).

 

La clase política tradicional, acostumbrada a los viáticos infinitos y a los "gastos de representación", montarse en helicóptero o en avión, comer en restaurantes finos y tocar congas o bailar en televisión mientras la gente pasa hambre, intentó defenderse.

Crearon comisiones especiales para auditar los auditores de la app auditora, además de granjas de bots, hackers y vecinos sapos que le exigieran a sus otros vecinos desinstalar la app o no hacerle caso o los podían golpear o ponerles música alta todo el día.

Pero la ciudadanía hizo algo aún más peligroso: empezó a usar la app como parámetro de comparación a los políticos que habían hecho las cosas bien.

 

El pánico moral: "¡Nos están obligando a vivir como gente humilde!"

El verdadero caos psicológico comenzó cuando el algoritmo de la app empezó a calificar la austeridad de los mandatarios utilizando el "Índice Salario Mínimo".

En las noticias locales, los analistas mostraban a diputados y gobernadores al borde del colapso nervioso:

—“¡Es inhumano!” —gritaba un diputado mientras le confiscaban su flota de 14 camionetas blindadas—. “¡El sistema nos está exigiendo donar el 90% del sueldo y conducir un Volkswagen Escarabajo de 1987! ¡Yo no sé cómo meter las compras del supermercado en un maletero delantero!”, “¿Qué dirán mis amigos en el Pádel?”

Los corruptos descubrieron con horror que la honestidad histórica no era un mito urbano. En los paneles de control de la app aparecían ejemplos reales que la gente usaba para votar en tiempo real:

  • El estándar populista: El del político que dona la gran mayoría de su salario a programas sociales y rechazó vivir en el palacio presidencial para quedarse en su humilde casa paterna.
  • La doctrina de la transparencia: Líderes que convirtieron las cuentas públicas en libros abiertos, donde cada factura de café gubernamental podía ser rastreada por cualquier ciudadano con conexión a WiFi.

 

El llanto colectivo

Para el mediodía, las lágrimas ya no eran de cocodrilo (la esposa del cocodrilo muerto que dijimos antes); eran de pura impotencia presupuestaria.

Los desfalcos millonarios en obras públicas inconclusas quedaron bloqueados por contratos inteligentes que sólo liberaban pagos cuando la carretera no se desintegraba con la primera lluvia. Las partidas secretas desaparecieron y los paraísos fiscales se llenaron de correos de políticos desesperados pidiendo cancelar sus cuentas porque la app publicaba el saldo en las pantallas de los televisores de las tiendas y en TikTok Live en tiempo real (sí, ya eché a perder el cuento multiversal con apps de aquí, perdonen).

 

Pero imaginen lo sabroso que sería ver a un servidor público corrupto tener que explicar en televisión nacional por qué un borrador para pizarrón de la escuela “Telome Terán Delgado”  costó 5.000 dólares como el entretenimiento más visto del siglo.

El llanto masivo cuando de los políticos corruptos porque el dinero público ya no sea un fondo personal para sus vacaciones y vida de ricos chiquitos a costillas de uno es algo que queremos todos disfrutar en familia.

Ojalá que algún programador con alma de hacker y un toque de hechicero, haga algo así en este universo. Ralearíamos a tantos políticos que habría que crear una campaña masiva de reproducción en las parejas para volverlos a suplir en las próximas décadas, eso sí, más sanitos y derechitos, como los soñamos para no vivir más con esta pesadilla de tener tanto político corrupto y gente que se le guinda de sus esferas… de poder… también.

 

Lección de HUMORISTECH del día:

La tecnología no elimina la corrupción por magia, pero la expone tan rápido que deja a los deshonestos sin tiempo para inventar excusas. Al final del día, la honestidad no debería ser una anomalía histórica digna de museo, sino la especificación técnica mínima para instalarse en cualquier cargo público.

¿Tú qué opinas? Si pudieras programar una sola función automática para auditar a tus políticos locales, ¿cuál sería?

Argenis Serrano - @Humoristech

Nota: Las confusiones en esta redacción se deben al miedo a que cuando lo publique, me caigan los políticos corruptos encima a denunciarme atreverme a pedir de que sean honestos, cosa que les da urticaria y pobreza. 

El Viaje Familiar

viaje familiar


Por razones recreativas, integradoras, de cariño y bajo presupuesto, una vez mi familia del lado materno nos invitó a un día en el Río Chuspa, Estado Miranda, Venezuela.

Llegamos en una pequeña van de los años setenta muy de mañana y pasamos un día por demás espectacular y de muchas actividades: agua, bañarse, comer, dormir bajo el sol reposando mí cabeza sobre los zapatos (lo que sería bueno de haber sido mis zapatos), más comida, agua y sol.

Hasta vi a lo lejos un león de montaña, lo que mis familiares consideraron un delirio por el sol. Hubiese sido bueno que se acercase para que vieran que no mentía, aunque hay momentos -como ese- en que es mejor pasar como mentiroso, que enfrentarse a la verdad.

Recuerdo que en un momento dado, llegaron cientos de mariposas, como en cualquier intro de serie de televisión para bebés. De haber sido aves, hubiese sido la reproducción de la película “Los Pájaros” de Alfred Hitcoch.

Lo que le dio el sello de oro al viaje, fue el final. Como en cualquier viaje de diversión, a uno se le pasa el tiempo volando y nos cayó la noche. Desde donde acampamos (quería escribir esa palabra por lo fina y elegante que se percibe), hasta donde estaba la carretera, había como un kilómetro de agua y piedra.

Entonces las mujeres de la familia nos enviaron a un tío, un conocido de la familia (que nos pesa hoy por hoy, resultó ser mala gente con la gente buena) y a mí, a que lleváramos parte de las cosas adelante, y a esperar al chofer del transporte, mientras ellos arreglaban lo demás.

Dicho y hecho, vadeando agua y esquivando piedras y peces que van a expurgarte la dermis, con una linterna de luz amarilla casi descargándose, llegamos no sé cómo al lugar de espera donde ya estaba el chofer, bebiendo junto a su acompañante, dentro de una taguara que además era paradero, hotel, juringadero, con ficheras que además daban servicios de frotes umbilicales.

Una de las “anfitrionas” nos dijo, “pero váyanse por esta orilla, es un caminito real y llegan a donde van sin mojarse”, cosa a la cual agradecidos, hicimos caso.  Lo que no nos advirtió fue de la bifurcación de dicho camino.

Y sí, señoras y señores, caminamos por esa veredita de terreno aplanado por el paso y enmontada, creyendo que llegaríamos al emplazamiento donde acampábamos (sigue siendo elegantísima la palabra). De pronto encontramos un camino más ancho, como para vehículos y, más adelante, una gran reja y un letrero inentendible.

La reja -que asemejaba más bien a un gran portón-, estaba cerrada, pero tenía una abertura cuadrada que -más a o menos así a vuelo de pájaro, no tengo vista de binoculares de militares estadounidenses- mediría unos 60 x 60 cm. Yo, con unos 16 años en ese entonces y pesando unos 60 kilos, flexible y ágil, tuve problemas para pasar. Mucho más mi tío que medía 1.90 y pesaba unos 90 kilos y el otro que tenía mi estatura y un poco más de peso.

Reíamos de lo que nos costó pasar por esa reja, sin pensar, ¿Por qué hay una reja – portón hacia un río público?; la respuesta llegó de inmediato, en forma de TRES TIROS AL AIRE ya que habíamos entrado en una propiedad privada.

Se desató pues nuestro rápido y accidentado retorno por nuestras vidas y, como en un episodio de Los Tres Chiflados, pasamos la abertura de aproximadamente 60 x 60cm sin rozar, en un micro segundo y casi que los tres a la vez, como quien traspasa las puertas gigantes de una Catedral.

En la carrera, tomamos de nuevo la ruta acertada y llegamos al campamento (palabra de oro, no puedo dejarla de escribir), nuestros familiares esperaban más que preocupados, molestos, ya que por una supuesta comodidad tardamos más de lo usual. La descarga que nos dieron no se puede recordar, claramente porque seguíamos asustados de los tres pepazos que nos echaron.

Retornamos por el río (porque la lección fue aprendida) y llegamos al bus donde el chofer, su acompañante y la fichera estaban con os ojos rojos y pidiendo la siguiente botella. Mi tío, el innombrable y yo agradecimos que ese señor iba a manejar así, porque desvió toda la atención negativa que había en nosotros por estar buscando atajos.

Con varios pares de ojos, algunos insultos, amenazas de denunciar por atender clientes en estado de ebriedad y rezando a millón ese viaje en 1991, que sería tendencia en redes sociales actualmente, terminó con un triple final feliz.

Llegamos sanos y sanos; hicimos el paseo que tanto necesitábamos como familia;  no nos volvieron a reprochar dizque porque la cara de terror y palidez que teníamos ante los plomazos, ya eran suficiente castigo.

Hoy por hoy, espero que se repita, pero que maneje un abstemio y que el terreno sea liso y sin atajos para llegar al campamento (y sigue funcionando la palabra).

Argenis Serrano - @Humoristech 

Los Mejores Imitadores de Venezuela

Antes de que se oscurezca, quiero aclarar que esta es una opinión personal que se me solicitó, no porque se valore mí opinión, sino porque les gusta leer algo mientras no hay electricidad.

Los imitadores venezolanos son de los más prolíficos y cada uno en su especialidad dio mucho de qué hablar dentro y fuera de nuestras fronteras. Aplausos, halagos y buenos recuerdos para ellos.

El orden en que los coloco es mí apreciación, que no precisamente debe ser la suya; pero sí me contraría, habrá quien ponga en duda su buena apreciación, por ejemplo, yo.

 

Mejores Imitadores de Venezuela

mejores imitadores de venezuela

Cayito Aponte

El Padre de la Imitación en Venezuela. Más allá de la voz, era la personalidad y convicción que brindaba, una energía que envolvía y, hasta en un momento de la historia política venezolana se llegó a asegurar que, para ser un político reconocido, había que parecerse o ser imitado por Cayito Aponte,

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Moreno Michael

Su versatilidad vocal y física le ha permitido adecuar su voz a artistas que le brindaron proyección, siendo sus puntales Michael Jackson y Celia Cruz, incluso superando en estos personajes al líder indiscutible de la imitación internacional, el dominicano Julio Sabala.

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Emilio Lovera

“El Hombre de las Mil Voces” El segundo mejor cómico por excelencia de la televisión venezolana de todos los tiempos, detrás del característico José Díaz “Joselo” (incluso, igualándolo). Lovera le ha otorgado una gracia innata salpicada a cada imitación que ha realizado, personalizándolas incluso siendo aprendidas de sus colegas. Es toda una institución de fluidez en este arte vocal.

 

Franco Colmenares

El “Show Man de Venezuela”, poseía registros vocales que reproducían a los personajes imitados, destacando siempre su imitación de Raphael (una de las mejores del mundo) y los políticos que grabó para la canción “La Medallita” de Billos Caracas Boys. Su manera de actuar era muy personal y le reconozco su lucha contra los haters, la que siempre enfrentó con talento y dignidad.

 

Rolando Salazar

El imitador venezolano y actor característico con mayor personalidad y disciplina para hacer voces con un estilo fino y bien depurado. Su imitación de hugo chávez es toda una cátedra lineal de compostura, buen gusto y acertada manera de ser incisivo, como por igual con su compendio de voces políticas y/o de farándula.

 

Miller

Era el imitador de planta del antiguo cabaret humorístico caraqueño, “La Guacharaca”; sus imitaciones de José Feliciano y Guilermo “Fantástico” González eran verdaderas recreaciones idénticas. Dispensen que no tenga foto ni nombre completo, poco apareció en TV y solo lo vi en un show especial del elenco de La Guacharaca en el Teatro de la Ópera de Maracay en 1992.

 

Belkis Martínez

“La Dama de las Mil Voces”, nombre que lleva con mucho honor. Sus imitaciones de Shakira, Ana Gabriel, Isabel Pantoja, Vicky Carr, entre otras, son todo un homenaje de dicción, potencia e igualdad. Sí a ver vamos, es la primerísima verdadera mujer imitadora de Venezuela, hecha al 100% por ella misma en el desarrollo de sus asombrosas caracterizaciones.

 

Honorio Torrealba

José Feliciano, Nelson Ned, Cristóbal Jiménez fueron parte del compendio de imitaciones clave de uno de los mejores cómicos innatos venezolanos. Toda una gran persona dentro y fuera de los escenarios, especialmente captando gestos y sonidos guturales que poco se toman en cuenta de cualquier artista.

 

Edgar “El Mono” Guevara

Fue el imitador de planta para Radio Rochela  en la década de los 70 y hasta la llegada de Emilio Lovera a mediados de los 80. Sandro, Charles Aznavour, José Luis Rodríguez “El Puma” y Felipe Pirela eran parte de su compendio de imitaciones, adecuándose a los boleristas y cantantes criollos del momento.

 

Frank Guevara

Aunque su fuerte no eran las voces de cantantes o políticos, sí lo eran las caracterizaciones paisanas que eran como una segunda naturaleza para él, algo que para cualquier actor cómico podría salir forzado en su mayoría, para él era una paisanada. Un estilo de imitación que para algunos era infravalorado, para otros, parte de la picardía e idiosincrasia venezolana que se agradece por fresca.

 

¿Quién o quiénes creen ustedes que faltaron o qué opinan del orden descrito?; háganmelo saber para ver sí aprendo algo más, hace tiempo que no aprendo nada, desde que aprendí que si uno se toma fotos frente a un camión de basura, se ve más lindo, hasta imito a un ser humano.

 

Argenis Serrano - @Humoristech 

Dejarse Amasar a Gusto

Aceptémoslo: la vida adulta es básicamente ir por ahí con la espalda crujiendo como cuando se te cae la pasta cruda y caminas sobre ella (le ocurrió a un amigo con mi mismo nombre y cuerpo). En un mundo lleno de cuentas por pagar, tráfico, dramas, gente que pide fiado y se ofende sí le cobras y reuniones que debieron ser descritas en un correo electrónico, el masaje se alza como el último bastión de la cordura. No es un lujo dejarse amasar, es una tregua firmada entre la mente estresada y tus músculos rebeldes.

A mí me los hicieron en convenio con una filial de la mejor empresa de masajes corporativos Miami y quedé repotenciado al máximo. Lo malo es que yo no hago mayor cosa, así que desperdicié parte del esfuerzo de la masajista, sentado viendo televisión y comiendo. Pero sin dolores, y luego de los 50, eso es ganancia.

dejarse amasar
 

Dejarse amasar nos hace sentir vivos

Existe una delgada línea entre el placer absoluto y la tortura medieval autoinfligida o que estando semidesnudo te masajeen donde no es o sí es, pero lo hace alguien de tu mismo sexo que no te gusta (y aparte, que te cobren por algo que no te gusta…tanto).

Estás en el cubículo de masajes (o en la sala de tu casa, con masajes a domicilio) buscando la iluminación espiritual y, de repente, descubres que tienes un nudo muscular que parece haber desarrollado su propio código postal y hasta jardín y vecinos tiene.

Cuando el terapeuta presiona ese punto exacto, tu alma abandona brevemente tu cuerpo para preguntarse qué decisiones de la vida te llevaron a acumular tanta tensión en la escápula izquierda y además, averiguar cómo es que sabes la palabra escápula.

 

El arte de no sonar como un dibujo animado

Uno de los mayores desafíos de dejarse amasar (en español culto, recibir un masaje) no es encontrar el tiempo para recibirlo, sino mantener la dignidad en la camilla. Te prometes a ti mismo que mantendrás una respiración profunda, zen y profesional pero en cuanto el especialista aplica la presión adecuada, terminas emitiendo una sinfonía de suspiros extraños, quejidos involuntarios y ruidos que recuerdan a un globo desinflándose lentamente o los ruidos extraños provenientes de una habitación de motel que no es la tuya.

 

Terapia de silencio o confesionario inesperado

Al dejarse amasar hay dos tipos de personas en la camilla: los que entran en un trance místico de absoluto silencio que les lleva a roncar y los que, por los nervios, deciden que el terapeuta es su nuevo mejor amigo y psicólogo de cabecera y se estremecen como pez en la red recién pescado (redundancia inútil).

Es fascinante cómo, mientras alguien te descontractura las lumbares como sí estuviese preparando masa para Pan de Jamón, sientes la extraña necesidad de confesarle tus traumas de la infancia, tu miedo a los payasos o lo mucho que te molesta el vecino del tercero. Llegas al punto de decir, “ya no siento tensas las nalgas, las aflojaste”.

 

Cuando el aroma a lavanda te engaña por completo

La experiencia sensorial de un spa o de un spa a domicilio está perfectamente diseñada para adormecer tus defensas y ponerte babieca. Luces tenues, música de arpas celtas que compiten con el sonido de cascadas y un aroma a lavanda con eucalipto y cariaquito morado tan denso que casi puedes masticarlo o sentir que estás en un comercial de televisión.

Todo es paz y armonía hasta que el terapeuta decide que es hora de usar los codos. En ese instante, la relajante melodía de flauta de pan se convierte en la banda sonora de tu resistencia heroica ya que aunque no sea así, quien se dispone a dejarse amasar percibe que es el luchador The Undertaker o Máscara Plateada el que le está brindando el masaje.

 

La reconfortante mentira de beber mucha agua luego de dejarse amasar

Al finalizar la sesión, siempre llega la recomendación dorada: "Asegúrate de beber mucha agua para eliminar las toxinas que acabamos de liberar", algo que es relativamente real, pero que funciona por sanidad, ya que el agua reduce la incidencia de los calambres, cosa que las lesbianas pueden confirmar ya que así es como evitan acalambrarse al hacer sus tijeretazos.

Tú asientes con la cabeza, fingiendo comprender la ciencia detrás del asunto, mientras en secreto te preguntas si esas supuestas toxinas se sentían físicamente como pequeños gnomos con martillos instalados en tus hombros o sí andas todo el día con la jeta abierta y se te meten cosas que te están enfermando y duele expulsarlas.

 

El glorioso regreso a la gravedad terrestre

Levantarse de la camilla luego de dejarse amasar es una experiencia cercana a la ingravidez o de haber paseado dos meses en submarino. Tus piernas se sienten como gelatina templada, tus párpados pesan una tonelada y tu rostro lleva la marca de la sábana grabada con el orgullo de un guerrero vencido.

Regresar al mundo real después de un buen masaje es difícil, pero lo haces con la certeza de que tu cuerpo, al menos por hoy, ha sido reiniciado con éxito y le vas a dar utilidad a esta sanidad que tanto buscas  que salen de manos prodigiosas.

Te lo digo con propiedad, porque cada vez que me dejo amasar (sí, eso sonó extraño), mí cuerpo expulsa las preocupaciones y llegan las soluciones. Por eso es que me hago tantos masajes, porque los condenados problemas no dejan de venir y yo como que no soluciono si antes una masajista me pasa la mano de norte a sur y de oeste…a este.

Argenis Serrano - @Humoristech 

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