Hemos
focalizado tanto las expresiones que incluso se han forjado estigmas que
reducen el buen hablar y el buen decir, a lo que se le suma que la gente anda
más a la defensiva con ofensiva y todo les molesta y nada les embona. Por ello,
mí falta de pobreza (en el lenguaje, de la otra ni me expreso), llega a ofender
a más de una persona y me dejan de tratar y/o discriminan; eso me hace
asegurarles que es muy triste ser mal interpretado.
Todo
se reduce a las frases no rebuscadas que utiliza para manifestar mis
sentimientos, opiniones y sensaciones, además de todo lo que brota de mí
poderoso bulbo raquídeo al que se le suma el hipotálamo para forjar frases
llenas de sensatez y sensibilidad por las cuales me han malinterpretado en más
de una ocasión y que paso a explicar a ver si ustedes no se ofenden de la buena
educación, así como no se ofenden cuando les dicen 7 veces groserías atacando
su sexualidad e inteligencia en una frase de 10 palabras.
Es muy triste ser mal interpretado por mi buen decir y gran expresar…
“Descansa en paz” a una persona que se va a acostar a dormir, porque pareciera que quieren que les digan que duerman mal y no tengan descanso alguno. Similar cuando les digo “siento mucho tu pérdida”, cuando se les ha perdido el teléfono, las llaves o la fe en el amor. He expresado con magnánimo respeto “te acompaño en el sentimiento”, cuando sienten hambre o dolor de estómago y se aterrorizan y dicen que estoy deseándoles cosas indebidas o presagiando males peores.
Error
mío –el cual reconozco-, haberle dicho a varias personas "no tengo palabras, pero aquí estoy para lo que necesites"
y terminan pidiéndome dinero prestado; es muy triste ser mal interpretado y en
la aclaratoria, te digan que eres un miserable avaricioso pobretón. Y lo peor
es que parece que no escarmiento, sino que acreciento la burrada al rematar al
momento o luego con el "cuenta
conmigo hoy y siempre", que si bien es una frase real y noble, te pone
como billetera de emergencia a futuro.
Es
muy triste ser mal interpretado cuando le dices a una persona "sé que no hay nada que pueda aliviar
tu dolor, pero quiero que sepas que no estás sola" y esa persona no te
cree. Avergüenza tener que recordarle que somos casi diez mil millones de
personas en el mundo, así que no estamos solos. A un amigo que comenzó a
vomitar borracho le dije "no hay
forma de prepararse para una pérdida así" y quiso agredirme a batazos,
claramente confundido por el alcohol, aunque sobrio tampoco es muy brillante.
Hay
casos más extremos, como el de aquella ocasión en que le dije a una chica "al menos ya no sufre" luego
de contarme que el novio le fue infiel. Claramente yo me refería a que ella no
sufriría más, pero vaya usted a saber qué entendió. Quise fortalecer mi
posición diciéndole que "el amor no
se apaga: se transforma" junto con un propicio “échale ganas”, y volvió con él más enamorada que nunca, hasta que
le consiguió una segunda familia y en vez d descargarlo a él, me insulto a mí,
dizque yo la induje a volver.
Verdaderamente que me
salió caro el decir en el ínterin de esa novela cutre que "el
dolor es el precio que pagamos por el amor", porque luego me envió al
hermano a que me diera unos golpes, pagando yo los platos rotos.
Es muy triste ser mal
interpretado y eso va sofocando las cortesías y mejores deseos que tienen
palabras propicias para públicos no apropiados. Cuando la gente va al baño,
entienden mal que yo les diga “buen
provecho”, pero, ¿No están conscientes de lo provechoso que es sacar las
toxinas?
Desearle al hijo de un
amigo “que brille para él la luz
perpetua”, me costó una amistad y no sé el motivo, cuando está clarísimo
que yo le deseaba que la luz del entendimiento y estudio le acompañase cada día
de su existencia.
A una señora viuda a la
cual le pregunté ¿Es cierto que está
deseando un macho?, desató un acoso de muy mal gusto por parte de esa
octogenaria hacia mi persona, misma que se hizo más lamentable porque además de
alejarme yo, tuve que alejar a mí perro con pedigrí, mismo que quise aparear
con la perrita de raza pura, propiedad de la señora.
Por lo tanto, tendré que
comenzar a expresarme como el vulgo, destrozando así años de estudio, respeto y
buena conservación de las neuronas, porque como dijo el sabio Calimero, “A mí nadie me comprende”.





