El Viaje Familiar

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Por razones recreativas, integradoras, de cariño y bajo presupuesto, una vez mi familia del lado materno nos invitó a un día en el Río Chuspa, Estado Miranda, Venezuela.

Llegamos en una pequeña van de los años setenta muy de mañana y pasamos un día por demás espectacular y de muchas actividades: agua, bañarse, comer, dormir bajo el sol reposando mí cabeza sobre los zapatos (lo que sería bueno de haber sido mis zapatos), más comida, agua y sol.

Hasta vi a lo lejos un león de montaña, lo que mis familiares consideraron un delirio por el sol. Hubiese sido bueno que se acercase para que vieran que no mentía, aunque hay momentos -como ese- en que es mejor pasar como mentiroso, que enfrentarse a la verdad.

Recuerdo que en un momento dado, llegaron cientos de mariposas, como en cualquier intro de serie de televisión para bebés. De haber sido aves, hubiese sido la reproducción de la película “Los Pájaros” de Alfred Hitcoch.

Lo que le dio el sello de oro al viaje, fue el final. Como en cualquier viaje de diversión, a uno se le pasa el tiempo volando y nos cayó la noche. Desde donde acampamos (quería escribir esa palabra por lo fina y elegante que se percibe), hasta donde estaba la carretera, había como un kilómetro de agua y piedra.

Entonces las mujeres de la familia nos enviaron a un tío, un conocido de la familia (que nos pesa hoy por hoy, resultó ser mala gente con la gente buena) y a mí, a que lleváramos parte de las cosas adelante, y a esperar al chofer del transporte, mientras ellos arreglaban lo demás.

Dicho y hecho, vadeando agua y esquivando piedras y peces que van a expurgarte la dermis, con una linterna de luz amarilla casi descargándose, llegamos no sé cómo al lugar de espera donde ya estaba el chofer, bebiendo junto a su acompañante, dentro de una taguara que además era paradero, hotel, juringadero, con ficheras que además daban servicios de frotes umbilicales.

Una de las “anfitrionas” nos dijo, “pero váyanse por esta orilla, es un caminito real y llegan a donde van sin mojarse”, cosa a la cual agradecidos, hicimos caso.  Lo que no nos advirtió fue de la bifurcación de dicho camino.

Y sí, señoras y señores, caminamos por esa veredita de terreno aplanado por el paso y enmontada, creyendo que llegaríamos al emplazamiento donde acampábamos (sigue siendo elegantísima la palabra). De pronto encontramos un camino más ancho, como para vehículos y, más adelante, una gran reja y un letrero inentendible.

La reja -que asemejaba más bien a un gran portón-, estaba cerrada, pero tenía una abertura cuadrada que -más a o menos así a vuelo de pájaro, no tengo vista de binoculares de militares estadounidenses- mediría unos 60 x 60 cm. Yo, con unos 16 años en ese entonces y pesando unos 60 kilos, flexible y ágil, tuve problemas para pasar. Mucho más mi tío que medía 1.90 y pesaba unos 90 kilos y el otro que tenía mi estatura y un poco más de peso.

Reíamos de lo que nos costó pasar por esa reja, sin pensar, ¿Por qué hay una reja – portón hacia un río público?; la respuesta llegó de inmediato, en forma de TRES TIROS AL AIRE ya que habíamos entrado en una propiedad privada.

Se desató pues nuestro rápido y accidentado retorno por nuestras vidas y, como en un episodio de Los Tres Chiflados, pasamos la abertura de aproximadamente 60 x 60cm sin rozar, en un micro segundo y casi que los tres a la vez, como quien traspasa las puertas gigantes de una Catedral.

En la carrera, tomamos de nuevo la ruta acertada y llegamos al campamento (palabra de oro, no puedo dejarla de escribir), nuestros familiares esperaban más que preocupados, molestos, ya que por una supuesta comodidad tardamos más de lo usual. La descarga que nos dieron no se puede recordar, claramente porque seguíamos asustados de los tres pepazos que nos echaron.

Retornamos por el río (porque la lección fue aprendida) y llegamos al bus donde el chofer, su acompañante y la fichera estaban con os ojos rojos y pidiendo la siguiente botella. Mi tío, el innombrable y yo agradecimos que ese señor iba a manejar así, porque desvió toda la atención negativa que había en nosotros por estar buscando atajos.

Con varios pares de ojos, algunos insultos, amenazas de denunciar por atender clientes en estado de ebriedad y rezando a millón ese viaje en 1991, que sería tendencia en redes sociales actualmente, terminó con un triple final feliz.

Llegamos sanos y sanos; hicimos el paseo que tanto necesitábamos como familia;  no nos volvieron a reprochar dizque porque la cara de terror y palidez que teníamos ante los plomazos, ya eran suficiente castigo.

Hoy por hoy, espero que se repita, pero que maneje un abstemio y que el terreno sea liso y sin atajos para llegar al campamento (y sigue funcionando la palabra).

Argenis Serrano - @Humoristech 

Los Mejores Imitadores de Venezuela

Antes de que se oscurezca, quiero aclarar que esta es una opinión personal que se me solicitó, no porque se valore mí opinión, sino porque les gusta leer algo mientras no hay electricidad.

Los imitadores venezolanos son de los más prolíficos y cada uno en su especialidad dio mucho de qué hablar dentro y fuera de nuestras fronteras. Aplausos, halagos y buenos recuerdos para ellos.

El orden en que los coloco es mí apreciación, que no precisamente debe ser la suya; pero sí me contraría, habrá quien ponga en duda su buena apreciación, por ejemplo, yo.

 

Mejores Imitadores de Venezuela

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Cayito Aponte

El Padre de la Imitación en Venezuela. Más allá de la voz, era la personalidad y convicción que brindaba, una energía que envolvía y, hasta en un momento de la historia política venezolana se llegó a asegurar que, para ser un político reconocido, había que parecerse o ser imitado por Cayito Aponte,

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Moreno Michael

Su versatilidad vocal y física le ha permitido adecuar su voz a artistas que le brindaron proyección, siendo sus puntales Michael Jackson y Celia Cruz, incluso superando en estos personajes al líder indiscutible de la imitación internacional, el dominicano Julio Sabala.

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Emilio Lovera

“El Hombre de las Mil Voces” El segundo mejor cómico por excelencia de la televisión venezolana de todos los tiempos, detrás del característico José Díaz “Joselo” (incluso, igualándolo). Lovera le ha otorgado una gracia innata salpicada a cada imitación que ha realizado, personalizándolas incluso siendo aprendidas de sus colegas. Es toda una institución de fluidez en este arte vocal.

 

Franco Colmenares

El “Show Man de Venezuela”, poseía registros vocales que reproducían a los personajes imitados, destacando siempre su imitación de Raphael (una de las mejores del mundo) y los políticos que grabó para la canción “La Medallita” de Billos Caracas Boys. Su manera de actuar era muy personal y le reconozco su lucha contra los haters, la que siempre enfrentó con talento y dignidad.

 

Rolando Salazar

El imitador venezolano y actor característico con mayor personalidad y disciplina para hacer voces con un estilo fino y bien depurado. Su imitación de hugo chávez es toda una cátedra lineal de compostura, buen gusto y acertada manera de ser incisivo, como por igual con su compendio de voces políticas y/o de farándula.

 

Miller

Era el imitador de planta del antiguo cabaret humorístico caraqueño, “La Guacharaca”; sus imitaciones de José Feliciano y Guilermo “Fantástico” González eran verdaderas recreaciones idénticas. Dispensen que no tenga foto ni nombre completo, poco apareció en TV y solo lo vi en un show especial del elenco de La Guacharaca en el Teatro de la Ópera de Maracay en 1992.

 

Belkis Martínez

“La Dama de las Mil Voces”, nombre que lleva con mucho honor. Sus imitaciones de Shakira, Ana Gabriel, Isabel Pantoja, Vicky Carr, entre otras, son todo un homenaje de dicción, potencia e igualdad. Sí a ver vamos, es la primerísima verdadera mujer imitadora de Venezuela, hecha al 100% por ella misma en el desarrollo de sus asombrosas caracterizaciones.

 

Honorio Torrealba

José Feliciano, Nelson Ned, Cristóbal Jiménez fueron parte del compendio de imitaciones clave de uno de los mejores cómicos innatos venezolanos. Toda una gran persona dentro y fuera de los escenarios, especialmente captando gestos y sonidos guturales que poco se toman en cuenta de cualquier artista.

 

Edgar “El Mono” Guevara

Fue el imitador de planta para Radio Rochela  en la década de los 70 y hasta la llegada de Emilio Lovera a mediados de los 80. Sandro, Charles Aznavour, José Luis Rodríguez “El Puma” y Felipe Pirela eran parte de su compendio de imitaciones, adecuándose a los boleristas y cantantes criollos del momento.

 

Frank Guevara

Aunque su fuerte no eran las voces de cantantes o políticos, sí lo eran las caracterizaciones paisanas que eran como una segunda naturaleza para él, algo que para cualquier actor cómico podría salir forzado en su mayoría, para él era una paisanada. Un estilo de imitación que para algunos era infravalorado, para otros, parte de la picardía e idiosincrasia venezolana que se agradece por fresca.

 

¿Quién o quiénes creen ustedes que faltaron o qué opinan del orden descrito?; háganmelo saber para ver sí aprendo algo más, hace tiempo que no aprendo nada, desde que aprendí que si uno se toma fotos frente a un camión de basura, se ve más lindo, hasta imito a un ser humano.

 

Argenis Serrano - @Humoristech 

Dejarse Amasar a Gusto

Aceptémoslo: la vida adulta es básicamente ir por ahí con la espalda crujiendo como cuando se te cae la pasta cruda y caminas sobre ella (le ocurrió a un amigo con mi mismo nombre y cuerpo). En un mundo lleno de cuentas por pagar, tráfico, dramas, gente que pide fiado y se ofende sí le cobras y reuniones que debieron ser descritas en un correo electrónico, el masaje se alza como el último bastión de la cordura. No es un lujo dejarse amasar, es una tregua firmada entre la mente estresada y tus músculos rebeldes.

A mí me los hicieron en convenio con una filial de la mejor empresa de masajes corporativos Miami y quedé repotenciado al máximo. Lo malo es que yo no hago mayor cosa, así que desperdicié parte del esfuerzo de la masajista, sentado viendo televisión y comiendo. Pero sin dolores, y luego de los 50, eso es ganancia.

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Dejarse amasar nos hace sentir vivos

Existe una delgada línea entre el placer absoluto y la tortura medieval autoinfligida o que estando semidesnudo te masajeen donde no es o sí es, pero lo hace alguien de tu mismo sexo que no te gusta (y aparte, que te cobren por algo que no te gusta…tanto).

Estás en el cubículo de masajes (o en la sala de tu casa, con masajes a domicilio) buscando la iluminación espiritual y, de repente, descubres que tienes un nudo muscular que parece haber desarrollado su propio código postal y hasta jardín y vecinos tiene.

Cuando el terapeuta presiona ese punto exacto, tu alma abandona brevemente tu cuerpo para preguntarse qué decisiones de la vida te llevaron a acumular tanta tensión en la escápula izquierda y además, averiguar cómo es que sabes la palabra escápula.

 

El arte de no sonar como un dibujo animado

Uno de los mayores desafíos de dejarse amasar (en español culto, recibir un masaje) no es encontrar el tiempo para recibirlo, sino mantener la dignidad en la camilla. Te prometes a ti mismo que mantendrás una respiración profunda, zen y profesional pero en cuanto el especialista aplica la presión adecuada, terminas emitiendo una sinfonía de suspiros extraños, quejidos involuntarios y ruidos que recuerdan a un globo desinflándose lentamente o los ruidos extraños provenientes de una habitación de motel que no es la tuya.

 

Terapia de silencio o confesionario inesperado

Al dejarse amasar hay dos tipos de personas en la camilla: los que entran en un trance místico de absoluto silencio que les lleva a roncar y los que, por los nervios, deciden que el terapeuta es su nuevo mejor amigo y psicólogo de cabecera y se estremecen como pez en la red recién pescado (redundancia inútil).

Es fascinante cómo, mientras alguien te descontractura las lumbares como sí estuviese preparando masa para Pan de Jamón, sientes la extraña necesidad de confesarle tus traumas de la infancia, tu miedo a los payasos o lo mucho que te molesta el vecino del tercero. Llegas al punto de decir, “ya no siento tensas las nalgas, las aflojaste”.

 

Cuando el aroma a lavanda te engaña por completo

La experiencia sensorial de un spa o de un spa a domicilio está perfectamente diseñada para adormecer tus defensas y ponerte babieca. Luces tenues, música de arpas celtas que compiten con el sonido de cascadas y un aroma a lavanda con eucalipto y cariaquito morado tan denso que casi puedes masticarlo o sentir que estás en un comercial de televisión.

Todo es paz y armonía hasta que el terapeuta decide que es hora de usar los codos. En ese instante, la relajante melodía de flauta de pan se convierte en la banda sonora de tu resistencia heroica ya que aunque no sea así, quien se dispone a dejarse amasar percibe que es el luchador The Undertaker o Máscara Plateada el que le está brindando el masaje.

 

La reconfortante mentira de beber mucha agua luego de dejarse amasar

Al finalizar la sesión, siempre llega la recomendación dorada: "Asegúrate de beber mucha agua para eliminar las toxinas que acabamos de liberar", algo que es relativamente real, pero que funciona por sanidad, ya que el agua reduce la incidencia de los calambres, cosa que las lesbianas pueden confirmar ya que así es como evitan acalambrarse al hacer sus tijeretazos.

Tú asientes con la cabeza, fingiendo comprender la ciencia detrás del asunto, mientras en secreto te preguntas si esas supuestas toxinas se sentían físicamente como pequeños gnomos con martillos instalados en tus hombros o sí andas todo el día con la jeta abierta y se te meten cosas que te están enfermando y duele expulsarlas.

 

El glorioso regreso a la gravedad terrestre

Levantarse de la camilla luego de dejarse amasar es una experiencia cercana a la ingravidez o de haber paseado dos meses en submarino. Tus piernas se sienten como gelatina templada, tus párpados pesan una tonelada y tu rostro lleva la marca de la sábana grabada con el orgullo de un guerrero vencido.

Regresar al mundo real después de un buen masaje es difícil, pero lo haces con la certeza de que tu cuerpo, al menos por hoy, ha sido reiniciado con éxito y le vas a dar utilidad a esta sanidad que tanto buscas  que salen de manos prodigiosas.

Te lo digo con propiedad, porque cada vez que me dejo amasar (sí, eso sonó extraño), mí cuerpo expulsa las preocupaciones y llegan las soluciones. Por eso es que me hago tantos masajes, porque los condenados problemas no dejan de venir y yo como que no soluciono si antes una masajista me pasa la mano de norte a sur y de oeste…a este.

Argenis Serrano - @Humoristech 

Dos Bodas en Una

Dos Bodas en Una

Aunque este caso no ameritó un pizarrón y sacar cuentas mientras escribía como le sucedió a Gabriel García Márquez cuando escribió CIEN AÑOS DE SOLEDAD, sí necesitó de pensamiento y tener claro que yo ando de metiche para estar fijándome en esto.

Conocí a dos señores -padre e hijo- les diremos "Pepe al papá y Pipo al hijo", porque no me acuerdo de sus nombres y además, tienen matrimonios felices con lindas chicas y eso me llena de envidia de la buena (sí, esa que no existe).

Entonces Pipo se enamoró y se casó con una muchacha de su edad, que tenía una hermana dos años menor que ella (les diremos Nina a la mayor y Nani a la menor) y el papá de Pipo -Pepe- se enamoró y se casó con la menor.

De esto me puse a dilucidar -porque no les iba a preguntar, so pena de que me dijeran cosas o me pegaran con cosas-, ¿Qué son todos como familia y su descendencia? Porque hay muchas mezclas entre ellos y sus descendientes (creo que hasta con otros familiares). Así me salió la cuenta biológica – matemática (yo le digo, biótica, es mí legado al mundo).

 

El mapa de la relación

Para entender quién es quién, lo más fácil es visualizar a las dos parejas principales que parece que no conocían a más nadie o ellas estaban muy ricas y ellos muy ricos y no precisamente, físicamente.

Pareja A: Pipo (hijo) + Nina (hermana mayor).

Pareja B: Pepe (padre) + Nani (hermana menor).

Los coloco así porque así fue el orden de casamiento. Imagino que en la boda, Nina le lanzó el ramo a la hermana, Pipo el liguero a su papá y los demás invitados quedaron así como ¿Qué?

 

¿Qué son ahora entre ellos?

No son pecado, simplemente son un cruce más limitado que vivir en un pueblo sin carreteras ni escuelas, vean:

Pepe y Pipo: Son padre e hijo, pero al casarse con dos hermanas, se convierten en concuñados (técnicamente, los maridos de dos hermanas son concuñados entre sí). Los saludos deben ser “bendición, papa cuñado; ¿cómo estás mi pana – papá?

Nina y Nani: Siguen siendo hermanas, pero ahora son suegra y nuera (o viceversa, dependiendo de cómo lo mires). Nina es la nuera de Pepe, y Nani es la suegra de Pipo. Una inversión de poder como en cualquier novela mexicana pues.

Pipo y Nani: Pipo es el yerno de la madre de Nani, pero Nani es su suegra (porque está casada con su padre). Además, por ser la hermana de su esposa, Nina, Pipo es el cuñado de Nani. Debe ser difícil para él decir “no aguanto a mí suegra, aunque me llevo muy bien con mi cuñada”.

 

La descendencia: El laberinto genético

Aquí es donde la cosa se pone interesante y quizá en algún momento salga un niño con rabo de cochino o una especie de quimera o hipogrifo endógeno entre una baba, una guacamaya y un zamuro. Supongamos que ambas parejas tienen hijos.

 

¿Qué son los primos?

Los hijos de Pipo y Nina, y los hijos de Pepe y Nani, son primos hermanos (al fin esa filiación no es sentimental, sino orgánica) por parte de madre (porque sus madres son hermanas). Pero, por parte de padre, los hijos de Pipo son nietos de Pepe, mientras que los hijos de Pepe son hermanos de Pipo.

En fin, los niños son propensos a ser estandoperos, haciendo chistes de este Cubo Rubik genético y amoroso o a escribir libros de la mal llamada justicia social, una de dos. En las borracheras se dirán, “más que mí primo, eres mí hermano” y el otro dirá, “es que eso soy” y reirán mientras dormitan sus cabezas en el alcohol que les distrae de este pensamiento de que en algún momento vayan a mutar o, se quieran reproducir con unos transgéneros o therians para “mejorar la raza”.

 

Por lo tanto, me parece que el resultado de la ecuación de este cuadrado amoroso se dilucida así:

Los hijos de Pepe y Nani son tíos de los hijos de Pipo y Nina y les deben pedir la bendición.

Los hijos de Pipo y Nina son sobrinos de los hijos de Pepe y Nani y deben pedir la bendición.

Pero, mejor se saludan de tú, por su salud mental y para no confundir a los vecinos y menos en la escuela, porque las maestras sufrirán tratando de explicarle eso a los demás compañeritos.

 

¿Qué pasa si esos primos se casan entre sí?

Si un hijo de Pipo y Nina tuviera descendencia con un hijo de Pepe y Nani, estaríamos ante un caso de endogamia familiar que es lo único que nos fata para que llueva azufre nuevamente.

Genéticamente, estos hijos compartirían una carga mayor de ADN familiar, ya que sus padres son primos hermanos, pero al mismo tiempo, los abuelos de uno son los padres del otro.

Al menos deberían de enseñarles que hay más gente en este mundo y no hacer lo mismo que iniciaron el papá de Pipo (Pepe) y la hermana de Nina (Nani), que en vez de hacer su cosa callada, se les ocurrió enamorarse y hacer que las parrilladas familiares sean por siempre muy cerradas, entre ellos, porque los demás miembros de la familia no saben qué son exactamente de cada quien.

Argenis Serrano - @Humoristech 

Decir lo que me da la Gana

decir lo que me da la gana

La seguridad de mis cuatro paredes, techo, puerta, piso, ventana y vivir en un barrio donde hasta a la policía le exigen salvoconducto, me da la libertad de decir lo que me de la gana, según yo. Es más, me daba la gana de creérmelo hasta que llegó ese fatídico día.

Todo empezó cuando comencé una noble tarea de hacerle la vida imposible a los desconocidos y fingir ante mis amistades que yo era incapaz de eso, así me protegerían y podría darle rienda suelta a mi sentir crapuloso lleno de crapulencia. Lo que parece ser normal en redes sociales pues, tampoco es que soy muy original al parecer.

Lo que me hacía distinto es que me concentraba en los detalles más doloroso de las personas, simplemente lanzando hipótesis y evaluaciones sobre su físico, su forma de escritura, fotos, videos, voz; o sea, que se sintieran mal de haber colocado material en línea o mejor aún, de existir.

Debo decir que todo esto lo hacía sin cobrar nada, era parte de mí altruismo en destruir la felicidad ajena para que nadie pudiera vivir en una burbuja que se reventase cuando le ocurriesen las cosas malas que debían sucederles porque yo se las había deseado y esperaba que no me quedaran mal con ello. Y como a la gente le gusta lo gratis, pues les di mucha de mi beligerancia y falta de respeto bien dosificada.

Pero, así como al hombre que decía “ojalá que me salga el diablo, ojalá”, varias veces al día, hasta que el diable se le apareció y le preguntó que qué quería con él y este le respondió “era echando vaina”, pues a mí me salió el coco y me jalo las patas, gracias a una denuncia que alguien elevó a la red social que creí era libre para hacer el mal, pero no lo era https://telegram.org/

Ocurrió que en varios de los CanalesTelegram donde yo hacía vida social afectando la de los demás, comenzaron a elevar reportes que iban dificultando mi derecho a la libertad de expresión diciendo lo que me daba la gana, algo que iba contra el pensamiento de lo que me pintaban con una red sin censura y libertades políticas.

Ocurrió que los frágiles e intolerantes débiles de mente no aceptaban que yo dijera lo que me daba la gana en contra de la política, religión, sucesos, eventos naturales y, mucho peor, el fútbol, beisbol y concursos de belleza. Esos domados por las corporaciones que se distraen sanamente y con los pies bien puestos en la tierra, se incomodaban porque yo colocaba oposición, cizaña y metía a sus mamacitas con o sin contexto en mis opiniones, algo que parece que a los latinos -cristalistos-, les ofende, salvo en los chistes de "tu mamá es tan...", que me parecen ofensivos.

Pero me atacaron vilmente ya que -según ellos-, la libertad de expresión es un derecho que está atado al deber de pensar, sentir y hacerse responsable de comprobar lo dicho y no menospreciar la dignidad humana y otras cosas que ofendían mi alma comunista y mi visión anarquista del mundo.

Comenzaron vetándome del top telegram channels donde se reúne la mejor información, educación y entretenimiento para todas las edades, siendo personas con material de primera calidad al cual yo sentía la necesidad de perjudicar.

Me hicieron caer en la vileza de cambiar de usuarios, de buscar el desbloqueo de la IP que me dieron, del baneo a la plataforma y además, dieron aviso de quien soy a las demás redes sociales como a la policía. ¿Vieron que no aguantan nada?

Lo mas ofensivo es que, sin solicitar salvoconducto, las autoridades llegaron a mí casa y mi mamá les abrió la puerta y les dijo “llévenselo, no hay diferencia entre ese cuarto que huele a zoológico y una celda”; mi mamá, la única madre que no ofendí, me vendió a los uniformados y además, tomó mi cuarto y lo desinfectó y ventiló.

El juicio fue totalmente amañado, diciendo cosas que yo sí dije pero sacándolas de contexto, de que estaba mal que estuviera diciendo lo que me daba la gana afectando la dignidad de los demás; la descontextualización estuvo en decir que eso no era libertad de expresión sino anarquía e incitación al odio, como sí yo tuviese culpa de la apestosa organización y vida al estilo Barbie de los demás.

Y acá estoy, apartado de mí Telegram querido, donde dicen que se puede decir de todo mientras que ello no vaya contra los derechos humanos, sin considerar a los izquierdos que decimos lo que nos sale del forro de la gana; me da ira pensar que me estafaron con esa supuesta libertad de decir lo que sea libremente, pero sin poner ni en las letras pequeñas, que lo que se diga debe ser responsable y no ofender ninguna Constitución a nivel mundial.

Me rebajaron incluso a hacer esta carta a mano, algo que me tiene peor, porque me siento del común; y lo más triste es que allá afuera hay millones de personas en redes sociales haciendo el absurdo de decir lo correcto y creando cosas buenas, divertidas y necesarias y yo aquí atrapado, sin poder escribirles lo que pienso para que no comentan el error de sentirse útiles y provechosos.

E intenté hacer y decir lo que me da la gana dentro de esta prisión y acá me ven, sordo por los gritos, desvelado y ojerosos, con la boca rota y unos dedos torcidos, víctima inocente de un franco ataque a la libertad de expresión.

Argenis Serrano - @Humoristech 

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