Un Mundo sin Semáforos

semáforos

Cuando no hay nada que organice al ser humano, la anarquía es la que manda; lo sabemos porque cuando hay algo que la organice, también es factible de que el guirigay aparezca, sólo que la tildan de “revolución”, porque el “me da la perra gana”, -término apropiado- suena muy mal para el marketing.

Por eso, en un mundo sin semáforos, todo sería un caos en el que el más fuerte no es el que sobrevive, sino el que elude la colisión y no es detectado por ninguna cámara de seguridad vial luego de arrollar peatones. Como ocurre en el mundo con semáforos en el que vivimos, pero peor.

Basta con observar cómo toma forma tangible la frase venezolanista más mezquina y equivocada que existe “yo primero, yo segundo, yo tercero, tú y yo en el cuarto”, cuando los cortes eléctricos le quitan energía a los semáforos que no funcionan con batería solar porque eso sería mucho gasto y las autoridades saben que, para que se paguen menos pensiones, bonos, haya menos opositores y todo lo que les perjudique, la gente debe ser raleada de manera sutil y nada mejor que entre ellos mismos, llevándose a cualquiera por delante.

Los carros dan vuelta en “W”, que es más ilegal que darla el “U” donde está prohibido, porque no hay semáforo que le controle y ya en las escuelas desde que inició este siglo no se enseñan las señales de tránsito. Además, de saberlas, no importa, porque están en un predio salvaje y hay que comer o ser comido.

La única visión que existe en los conductores, es espectral. Los semáforos apagados para ellos, están en luz amarilla y esa es la que invita a apretar el acelerador hasta el fondo no sea que cambie a roja. Todos estamos ya imaginando que lo rojo puede ser lo que quede pegado del retrovisor por donde pueden salir expelidos por su gracia.

En los cruces de avenidas más anchos es donde la acción se pone más al rojo vivo (se me pegó lo del color y queda bien en el texto); ya que el semáforo está apagado, pueden girar, retornar o intentar saltar como sí estuviesen manejando el carro de Meteoro. Otros, escalar sobre un montón de chatarra de automovilistas que querían ser más vivos que los demás y que seguirán vivos por mera fortuna o vivirán pegados a un pulmón mecánico.

Aquellos más prudentes, serán víctimas del bullying y pitas de quienes les lanzan como carne de cañón para que se sacrifiquen cuán persona que le pide a su suegra amablemente a que se lance al río de primera, sólo para saber sí no hay pirañas. Esos conductores precavidos buscarán y buscarán un intersticio para poder cruzar de forma segura en la tromba de conductores de carros, motos y gandolas que están invadiendo un gran cruce peatonal que sólo contaba con los semáforos para domarlos.

Y, en el predio de este colapso que prueba la virilidad de los hombres, el empoderamiento femenino y la salud mental del loquito que se coloca en el cetro de la calle supuestamente a dirigir el tráfico con un trapo a manera de capote, pasos de Michael Jackson y una patineta sin una rueda, surge uno de los mayores temores para aquellos que han salido al mundo a comérselo, como caníbales zombis con un hambre vieja.

Y ese temor no es la policía, no es la muerte, no es la hospitalización, ni siquiera la integridad de su propio vehículo. Su kriptonita es que regrese la electricidad y el semáforo se reactive y les inste a comportarse como seres civilizados, acabando con sus deseos primitivos de colapsar a la sociedad e instaurar una escena postapocalíptica.

Pero la electricidad regresa -aunque ustedes no lo crean- y todo se aplaca; pero los planes maquiavélicos de armar la de san Quintín en las calles de la ciudad están latentes, sólo falta la chispa que inicie todo. O más bien, la falta de la chispa eléctrica (era evidente se remate).

Argenis Serrano - @Humoristech 

El Día de la Marmota

el día de la marmota

¿Han visto esas películas o series en las que la persona se despierta y es el mismo día y sólo él o ella sabe que es el mismo día y debe comprobarlo y mejorarlo y luego se le zafan los tapones, se desvive y vuelve a repetir vivo el día?, ¡Pues así estamos en Venezuela!

En los Estados Unidos, -nuestra patria querida y padres tutores- existe en día 02 de febrero algo llamado “El Día de la Marmota”, ya que ellos no celebran el Día de la Candelaria. Allí todos se juntan a ver sí una marmota sale y, sí ve su sombra y se asusta, eso indica de que habrá 6 semanas más de invierno.

Extrañamente siempre la ve gracias a las oraciones para que salga el sol o uso de sol artificial, en una clara confabulación de los vendedores de sal para deshielar calles, los que tienen barredoras, los deportes de invierno y mantener a los osos hibernando para que no haya ataques por parte de estos y sigan las actividades invernales. Cualquier cosa que no sea coherente, esa es.

El asunto es que estamos viviendo un déjà vu despiertos en que todos los días se nos hacen iguales, en una secuencia de:

-     Despertar luego de no haber dormido mucho

-     Bostezar mientras se arrastran las chancletas caminando por la casa.

-     Tomar café mientras tropiezas con algo que colabora con su ruido el despertar a quienes sí pueden dormir más horas.

-     Bañarse con el agua que haya

-     Vestirse y perfumarse en perfecta proporción al agua que hubo para bañarse.

-     Esperar transporte.

-     Pelear para subirse.

-     Batallar por el coto del pasaje.

-     Bajarse del transporte público con dolores y olores extraños.

-     Saludar y ser saludado o no serlo en el trabajo.

-     Lidiar con el trabajo

-     Batallar con los compañeros.

-     Escuchar lo que no debías, provocándote constantemente las ganas de arrancarte las orejas.

-     Almorzar recalentado.

-     Escaparse unos minutos en la hora del almuerzo para comprar o despejarse.

-     Regresar y recibir sanción por salir a la hora del almuerzo.

-     Volver a la batalla contra los cínicos, inútiles, guamuros e isoporucos, teniendo los efectos del triptófano que causan somnolencia (o sea, le paga la hora del burro).

-     Agradecer por la gente que no se parece a ti, pero es buena y no molesta.

-     Realizar compras o vistas de última hora en tiendas.

-     Sopesar entre irse a pie o en transporte público.

-     Elegir lo último y volver a sufrir.

-     Llegar a casa y enfrentar problemas, estar aburrido, no sentir que descansas.

-     Y la constante batalla campal entre las horas de electricidad y el tiempo productivo, social y de frescor que se pierde.

-     Además de ver redes sociales con informaciones sobre los mismos personajes nefastos que aportan menos que la baba de guásimo.

-     Irse a dormir pero estando un par de horas viendo redes sociales, páginas web y quién sabe más, hasta dormirse tarde.

-     Y…despertar luego de no haber dormido mucho.

Tanto se ha fortalecido esta tendencia a vivir nuestra versión del día de la marmota criolla, que muchas veces no diferenciamos un miércoles de un domingo y hasta los días de fiesta patria, religiosa o de nuestra mamacita se nos olvidan porque cada día se nota exactamente igual.

Eso de que "naces, creces, te multiplicas y mueres", parece que ocurre cada 12 horas, se repite más que película mala en televisión nacional.

Antes nos dábamos cuenta de que los días cambiaban aunque fuera por la programación de la televisión. Ahora con streaming, cada instante es lo mismo y así, se nos pasan los días, sintiendo que somos productivos tal cual se siente un hámster dando giros en su rueda dentro de una jaula.

Quería llegar a este punto proponiendo una solución para salir de ese letargo que parece residuo de la pandemia, la economía y de los falsos psicólogos que te dicen que te alejes de todos porque te estás haciendo mal y de tanto acercarte a ti mismo/a, ya eres un ermitaño en tu mente, ¡y te aburre la compañía!

Les juro que quiero sugerir algo, pero también estoy atrapado en esta simulación que repite el juego a diario porque a media noche es reseteado por un animalito que logra que todos los días, sea el día de la marmota.

Argenis Serrano - @Humoristech 

Los Tres Chiflados y el Caos

los tres chiflados

Hace poco soñé con Los Tres Chiflados y que tenían muchas heridas contusas gracias a sus locuras, cosa que además de real, demuestra que ni en mis sueños tengo algo de coherencia.

Pero debo decir en pocos párrafos, que lo caótico de sus acciones siguen siendo necesarias en estos tiempos. Los latinoamericanos no sólo crecemos con El Chavo y El Chapulín Colorado, también lo hacemos con Los Tres Chiflados y eso nos hermana con los estadounidenses, no sé sí incluso puede ser motivo para que recibamos una visa.

Las generaciones actuales se detienen ante cualquier capítulo de Dragon Ball y razón les asiste; pero todas las generaciones de hombres se detienen a ver a Curly, Larry y Moe porque ellos se pegan con gracia y sin caer presos como quieren ahora todos los que aplican la ley, para sacarnos algo del bolsillo, que no sea pelusa.

Todo lo que sería mal visto por estos delicados faltos de crianza a chancletazos, es realmente un desorden roto de manera ordenada y magistral, no sólo para hacer reír, sino para demostrar que el humano puede fallar sin saberlo y proseguir, no amilanándose ni debilitándose o echándose a morir u otras acciones cuyas palabras terminen en “ándose”.

El caos de los tres chiflados no es simplemente un desorden aleatorio, sino una fuerza impredecible donde pequeñas acciones desencadenan consecuencias desproporcionadas y absurdas, la épica de lo que es la realidad de quienes improvisan o quieren abarcar más de lo que su conocimiento comprende y sus brazos y manos pueden agarrar.

Los Tres Chiflados son agentes de una entropía cómica pura que pocos se atrevieron a cruzar con el “humor azul”, que es el que se asocia al chiste del gang físico. En su universo, el intento más simple de arreglar una tubería o colgar un cuadro se transforma de inmediato en un torbellino de cachetadas, piquetes de ojos, molinos de puño y destrucción física.

Lo fascinante de Moe, Larry y Curly (o Shemp) es que su caos no nace de la malicia, sino de una maravillosa mezcla de incompetencia, lógica distorsionada y una energía hiperactiva, propia de los que quieren resolver lo que sea aunque no sepan (jefes que pierden el sentido de su negocio o papás que prefieren dañar antes de contratar a alguien que sepa).

Al final, nos demuestran que el verdadero caos actoral requiere una precisión quirúrgica, un ritmo impecable y una coreografía milimétrica para que el colapso de la normalidad resulte, además de destructivo, absolutamente hilarante y se suceda una ficción que puede suceder en lo real, pero que nos puede partir la ma…teria, como hacen los que bailan en andamios, colocan macetas de barro en las orillas de los balcones o quieren matar cucarachas encima de una cortina con una vela y un insecticida para que muera carbonizada por un lanzallamas.

Los Tres Chiflados mostraron la necesidad de tener un líder (Moe), un catalizador (Larry) y un conejillo de Indias (Curly, Shemp, Joe o Curly Joe, incluso Joe Palma). Algo que sí bien es feo en un grupo de amigos, también demuestra que sabían de una jerarquía y se protegían de los demás, como hacen los hermanos que se defienden con la frase “sólo yo tengo derecho de pegarle e insultar a mí hermano”.

No es mucho de lo que puedo decir de estos genios que en pantalla estaban locos y daban todo de sí para demostrar que la ficción puede ser violenta y graciosa, pero que sí la replicas, es que no sabes nada de la vida y es por gente como tú que el champú tiene instrucciones de no ingerirlo y de que en los comerciales de juguetes les aclaren a los niños que esos juguetes no hacen las cosas maravillosas que les presentan.

Los Tres Chiflados bien explican que son las personas sus propios inquisidores y verdugos, haciéndose daño como respuesta de todo y que se ríen es por maldad, no porque tengan gracia. Poca gente entiende que la violencia es sólo para la pantalla y las risas, para la vida.

Argenis Serrano - @Humoristech 

De Cómo Abandoné el Vicio del Juego

el vicio del juego

Nada tan bueno como abandonar un vicio, salvo la sensación que tienes cuando estás viviendo dicho vicio. Pero es mejor sacarse el vicio y luego contarlo, que quedarse con el vicio de tener ese vicio.

El mío, era el juego, quizá promovido por la falta de trabajo y la falta de ganas de trabajar. Fue allí como me inicié con las metras, donde llegue a tener un botellón de agua lleno de metras, pero compradas, porque era malísimo jugando metras. Yo era el banco de metras de los demás, sin intereses ni pagos por hacer.

Luego me acostumbré a las loterías y a las apuestas de caballos, en las que hubiese ganado toneladas de dinero de no haber tenido el vicio de ambas o de haber apostado a que perdía; lo que ocurre con lo segundo es que nadie iba a correr dicha apuesta ya que estaba de anteojito que perdería.

Pero, la tecnología ataca y a mí me atacó con las llamadas “máquinas traganíqueles” o “máquinas tragamonedas” o como le dicen en España, “máquinas tragaperras”, quizá porque hasta la perrita de la abuela empeñaba la gente a ver sí podía recuperarse o doblar lo perdido, siendo esto último exactamente lo que sucedía, doblaban las pérdidas y a ellos la abuela les doblaba el lomo con un rodillo por apostar a su perrita “Colitas”.

Sucedió pues que me envicié realmente con estas máquinas de apuestas, pues me seducía el movimiento giratorio y el que tres figuras iguales me dieran premio o que toda la pantalla coincidiera con una fruta, un símbolo o número y escuchar como el contador iba llevando el bote al área de pagos en la que uno cobraba.

Ese sonido realmente poco lo escuchaba, más bien escuchaba cómo iba descontando de mí apuesta y el bote iba creciendo, mismo que al final del día, el dueño del local auto – apostándose, sacaba y se “cobraba” para no pagarle a nadie, ya que él ya había descontado el precio del alquiler. Una manera muy astuta de estafar doblemente a aquellos que, como yo cuando era mundano, teníamos el vicio del juego.


¿Qué cómo me curé?

Sí, voy a eso, es que necesitabas meterle en el contexto para que entendieran como la luz de la dicha me iluminó. Ahí les va.

Anteriormente, los seres humanos debíamos ir a pagar la cuenta del teléfono de casa directamente en las  oficinas de la empresa telefónica, en Venezuela llamada CANTV. Pasado el día 21 de cada mes, se vencía la fecha de pago y nos daban 14 días adicionales para pagar o ¡ZAS!, nos cortaban la línea telefónica.

Pues, como ya estarán intuyendo (y sí no, que poca imaginación tienen), fui a pagar el recibo el día antes de que nos quitaran la línea y se me atravesó la máquina tragamonedas en el camino. Dato curioso: La oficina de CANTV estaba en la otra dirección de la ciudad, no sé cómo me equivoqué así (guiño, guiño).

Ya estando allí, la mente en todo su rigor me dice, “pues vamos a doblar esa cantidad y así pagamos dos meses o nos compramos unos zapatos y además, recuperamos lo ya perdido; y sí se pierde, pues bueno, a nosotros casi nadie nos llama”.

Ante tan sólidos, coherentes y morales argumentos, comencé a apostar el dinero del pago de la factura telefónica. Un montón de billetes se transformó rápidamente en uno solo.

Y allí, cuando las lágrimas o quién sabe qué parte de mí cuerpo se elevó y hacía cohabitación con mí manzana de Adán y estaba totalmente resignado a que me dieran una pela con la mano, palo, correa, chancletas, cable del radio, el radio, zapatos, la pata de la cama, algunos golpes de Kung Fu y me hicieran comer por un mes sólo lo que yo cocino, se hizo el milagro.

Esto que les cuento es verdad. En el último tiro, la pantalla fue de frutas. Un frutero con las dos frutas que más pagaban, las cerezas y los duraznos. Eso devolvió todo lo perdido más un pelo.

Y como todo jugador asustado, dije, ¡Voy a recoger el dinero del recibo del teléfono, el vicio no me puede hacer más estúpido!, pero aposté el pelito extra y salieron los tres “1” que abrían un “bonus” y me dio un extra.

Ya, con el guargüero más controlado, sin ganas de ir al baño y los ojos llorosos, recogí el dinero y fui a pagar el recibo. Al llegar a casa eché el cuento y así de asustado me vieron que no me regañaron, ya que había recibido una gran lección. Igualmente me hicieron comer lo que yo cocino como para que no se me olvidara más nunca.

Siendo pues que desde ese día el vicio del juego se me amansó a niveles increíbles, sólo jugando lotería de vez en cuando, siempre perdiendo. Lo único que gané es que una vendedora de loterías se fijara en mí, hasta que por costumbre, también a ella la perdí.

Actualmente estoy jugando una versión de tragamonedas en Android y voy apostando con inteligencia, como sí me fueran a pegar sí lo pierdo todo. Porque después de todo lo vivido, aprendí que “nadie debe cambiar a su mamá, por un burro”.

Les apuesto que he cambiado. Ahora, puro concurso gratuito.

Argenis Serrano - @Humoristech 

BIENVENIDOS

Bienvenidos

Empezaba yo a usar la Internet (2001), cuando en un chat de Mipunto contacte a alguien de Honduras que me contaba de su día a día vía mail. Una vez me dijo, “Me acordé de ti porque llegué cansada, me bañé, comí y encendí la TV y estaban dando el programa cómico de tu país, BIENVENIDOS”.

Extrañado al 100% le pregunté su opinión y me dijo que era el programa número uno de chistes, que incluso molestó a varios artistas del país porque ganaba el rating casi siempre. Luego de años supe que era cierto en Centroamérica y el sur de Sudamérica.

Aplicó bien lo de “nadie es profeta en su tierra”, porque en nuestro país, cuando alguien echaba un chiste malo, le respondían “eres como Bienvenidos”, todo motivado a que -al menos eso creíamos- estábamos en un nivel de chiste más evolucionado por la construcción de los sketches de Radio Rochela, El Show de Joselo, Telecómico y algunas sitcom nacionales.

Varias veces decían que Miguel Ángel Landa lo que hacía era una especie de “Condorito TV”, por el manejo de los chistes de esa revista, de Montecristo, Larguirucho y programas de humor irónico de Estados Unidos o el inglés “Show de Benny Hill”.

No hablaban de actualidad, pero sí de todos los personajes de la sociedad, haciendo del humor blanco una bandera altísima que casi nadie se atreve a trepar a buscar y usarla como estandarte, liderada por el mejor comediante de humor blanco de Venezuela: Julio Gasette (Nino Frescobaldi – Boberto).

Josefina Armas, Olimpia Maldonado, Yulika Kraus, Ernesto Cortéz, La beba Rojas, Freddy Galavis, Koke Corona entre otros, fortalecieron el programa de chistes blancos más importante y despreciado de Venezuela, resaltando el trabajo o creación de Bienvenido Roca, desplazado por Landa en el liderato, per que supo que tenía una idea que conquistaría a América.

Y así fue, muchos países hicieron redituable a Bienvenidos porque era la universalidad del humor e incluso nuestra jerga era comprendida en el contexto de cada chiste, acompañado de un gran jingle de entrada y salida y escenas bien trabajadas tipo teatro.

En una entrega del premio “Meridiano de Oro” al llegar el momento del “Programa Cómico del Año”, las nominaciones eran: “Radio Rochela, El Show de Joselo, Cheverísimo, Bienvenidos” y cuando dijeron “y el ganador es”, alguien del público dijo en tono sarcástico: “Bienvenidos” y el público en el Poliedro -y de seguro en millones de casas-, rieron burlistas.

¡Tontos sin visión que fuimos!, mientras despreciábamos -porque en ocasiones lo hice- los chistes del programa, Venevisión y los Cisneros hacían dinero en mercados difíciles como USA – México y España, ganando ratings con chistes que para muchos eran novedades y que tenían bajo nivel de picardía pero mucho de calidad.

Tal fue así que en México crearon un programa llamado “La Bola”, que buscó contrarrestar a Bienvenidos; lo trajeron a Venezuela para poder captar ese segmento del chiste sencillo, humor blanco y universal y en parte caló, pero para sorpresa de muchos, Bienvenidos lo superó.

Llegado el momento en que hasta el chiste sin ánimos de hacer pensar sobre política, fue vilipendiado y atacado, Bienvenidos sucumbió como los demás, sin tener culpa alguna.

Y, muchos dirán que exagero, pero seguimos viendo nuevas versiones de sus chistes o estilos en TikTok o YouTube y hasta las vistas de los usuarios que suben republicaciones de los videos, suman millones, lo que indica que es redituable porque siempre habrá mercado para el humor blanco (el más difícil de hacer).

Muchos deseamos el regreso de Radio Rochela, Cheverísimo y la simplicidad del humor en chistes cortos, escapando del humor visual del StandUp o los sketches tipo “Enchufe TV”, para verlo en familia y pensar sólo en las situaciones de los borrachos, los bobos, las divas, las brujas, los médicos, los viejitos, los gay y demás personajes de los Chimi Chimitos, que se presentaban en Bienvenidos.

Espero que, sí vuelve, no le volvamos de menospreciar, ya que es parte de un tesoro de humor nacional con visión internacional que no siempre el humor típico venezolano puede conquistar (por eso los demás programas no fueron tan rentables fuera de nuestras fronteras).

Vean a Sábados Felices (Colombia) o Ritmo de la Noche (Argentina), todavía usan al humor blanco para calar y las risas, por X o por Y, llegan. Y una risa contagiada, es ganancia para la humanidad.


Argenis Serrano - @Humoristech 

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