Hágalo Usted Mismo

Cuando nos dicen “hágalo usted mismo”, están brindando un voto de confianza que nos tomamos muy en serio, tanto que nos la llegamos a creer en una especie de sofisma que no es más que la antesala a que algo va a salir mal, porque es el justo derecho.

Algo que deberían de enseñar en las escuelas es a hacernos un FODA (fortalezas, oportunidades, debilidades y amenazas o, para los más corrientes: qué podemos y qué no podemos hacer con lo que sabemos y las habilidades físicas) de lo más sincero, con el propósito de corregirnos y aumentarnos o para siempre tener un motivo para llorar decepcionados de esa persona que debería ser un oasis de confianza: nosotros mismos.

El hágalo usted mismo necesita de aprendizaje, práctica, decisión, seguridad y en ocasiones, un seguro de hospitalización, cirugía, maternidad o de pase al otro mundo.

Antes era muy propio de los padres de familia, y se le llamaba “papá lo sabe todo”, en el que ante cualquier desperfecto en la casa, el padre convocaba a hijos e hija y mujer y un compadre a realizar el cambio o reparación y eran los demás los culpables de cualquier falla, además de tener que hacer las partes de las tareas más complicadas o aquellas en las que por gordura,  no podía situarse.

Los papás hacían eso para demostrar que eran los hombres de la casa, machos alfa, pecho peludo, espada guerrera, visión láser y certeza impecable. Contratar a un especialista sin que el papá aplicara el hágalo usted mismo una y otra vez a manera de prueba o provisional (provisional = por siempre), experimentando con su propio hogar, aumentando el daño y acrecentando el monto de la reparación que en un principio era ínfimo, era en compendio, motivo de divorcio y algunas batallas no precisamente de farmear aura.

Y, cando todo está perdido y fue una tercera persona que le dijo “pero contrátate a fulano que él te repara eso”, es cuando el orgullo sayayin de un padre sucumbe y busca quien repare la avería o fabrique lo necesitado, quedándose -claro está- supervisando la obra y queriendo ser ayudante que muta al “sí, yo sabía que esto es así, pero quise hacerlo de otra forma”.

Con el paso del tiempo, dirá que él hizo casi todo y prometerá que la próxima vez no va a necesitar de nadie. Como el famoso en México caso de la persona que quiso hacer su propio tanque subterráneo en un costado de la casa, y sin saber cómo se puso a alquilar maquinaria pesada en Sonora y terminó encementando la sala y la cocina y muy cercano a una hermosa pérdida total, todo por querer hacerlo todo sin saber, sólo suponer y darse fuerzas morales y dignas con la consabida frase: “yo puedo, yo soy un varón”.

Eso del “hágalo usted mismo” en estos tiempos no es solo de padres u hombres en general. Con la ola de mujeres empoderadas que quieren hacer bricolaje y manejar maquinaria ligera o pesada sin más estimulante que el competir contra los hombres, les ha hecho disminuir esa capacidad de criterio y mesura que siempre había caracterizado a las mujeres.

De allí que el monto de damas caídas de jeta, espalda, cervical, rodilla o ensuciadas con derrumbes que les dejan temporalmente ciegas y alérgicas, ha aumentado, por solamente creer que con ver e intuir, se puede reparar o construir, olvidando la teoría y la práctica y la supervisión de alguien que sepa, sea hombre, mujer o un gato mecánico.

 

La tendencia del “hágalo usted mismo” tiene un culpable

Ser una inspiración, modelo a seguir y una manera de estar a la altura de las situaciones, debería ser el humilde propósito de todo ser humano. Y, aunque éste es un personaje de televisión que fue acompañado por el poder del guion y un equipo de expertos, sigue siendo la referencia obligada del hágalo usted mismo y de que todo se puede solucionar con clips, peinetas y algo de uranio que tengas en un gabinete.

Angus MacGyver es quien ha inculcado a varias generaciones a fortalecer el “hágalo usted mismo”, sacándole el machismo de arreglar todo a los golpes y llevarlo a la física y el uso de la cinta plástica. De él surgieron los videos de redes sociales para reparar cosas con materiales que hay en casa y la energía para creerse -acertada o erróneamente- de que todo lo podemos arreglar en tres fáciles pasos.

hágalo usted mismo

Al programa siempre se le olvidó mostrar el ensayo y error, las habilidades en física y militares del protagonista, de que no es malo pedir ayuda y que cada quien debe delegar al que sabe, aquello que le permitirá que algo se repare bien y sin aumento de costos por estar cincelando, picando y corto circuiteando aquello que no debió tomar más que un par de horas en manos de un profesional.

Claramente que en algún momento de nuestras vidas tendremos un carambolazo y repararemos algo sin mantenimiento percusivo (arreglar un radio o televisor o router dándole unos zapatazos hasta que se componga). Eso nos debe inspirar a aprender y reparar de manera más práctica y eficiente y saber qué sí y qué no amerita que le metamos mano.

Hágalo usted mismo y revísese para que sepa hasta dónde puede llegar y sí puede caminar metafóricamente un par de peldaños más. El resto, déjeselo a los que sí saben, no quiera quitarle el pan de la boca a los demás, porque con los daños que causará, será usted mismo quien pase hambre, endeudado y sin electricidad o con boquetes y filtraciones por andar de “reparatodo”.

Argenis Serrano - @Humoristech 

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